Conexión


 


Intervención sobre fotos tomadas de internet rescatadas por Víctor Basterra, cuando se encontraban dentro de una bolsa en el CCD de la ESMA para ser quemadas. Autor desconocido.


 

 

Pablo Lepíscopo, secuestrado  el 5 de agosto de 1979. Desaparecido.

 

Conocí poco a Pablo. No sé por qué fue tan importante en mi vida. No solo él, mucho más José. A él lo conocí mucho, pero no hay fotos de José.

Éramos cuatro hermanos y en casa siempre había un amigo de un hermano, o mío. Entre propios o de mis hermanas  éramos muchos y eso era muy bueno.

Pablo siempre tuvo un aire de ser “especial” para mí. Seguro por que era más grande, quizás también por eso sería el referente de muchos de los que deambulaban por mi casa. El primer recuerdo que tengo de él es en el comedor diario. Estaba con un pullover azul escote en v. Mi hermana cuando se fue me dijo.

– ¿Viste que lindo que es?

No tenía la menor idea de lo que era ser lindo o ser feo. Tenía unos once años, calculo.

El segundo recuerdo era la bronca de mis viejos por que mi hermana se había ido de mochilera con un hombre al sur. Claro, tenía catorce años y estaba enamorada. Andá a pararla. Ella me dijo que habían dormido en una estación de servicio debajo de un camión. Durante muchos años use la misma mochila y a la misma edad de ella también me fui , pero al norte.

El tercer recuerdo ya es una foto. En el club San Fernando, en verano. Estábamos con los pibes tirándonos al río desde una balsa. Estaba Leo, su hermano, Gustavo, mi primo y algunos más. A Leo lo llamábamos “Patroclo” por que su apellido era de origen griego. Cuando estaba en la balsa esperando mi turno para tirarme, siento un golpe fuerte en el tobillo de atrás. Feo, me di vuelta y era él, Pablo. Me sorprendió, no recuerdo la época, la fecha, el momento. El “Sanfer” era un club “cheto” y no asociaba a un militante revolucionario, con ese espacio. Nos miramos, me saludo y me tiré al río.

Estuvo preso y salió con la amnistía del setenta y tres. Nunca supe más de él hasta que tuve intereses políticos concretos. El encuentro fue cerca del fin del setenta y ocho o ya en el setenta y nueve. Cenamos en la casa de los padres de “Patrocolo”. Él, su hermano Pablo, su mujer, mi novia Gisela y yo. Era en Beccar, juraría que sé donde era la calle, pero en verdad no estoy seguro. Hablamos de un montón de temas, pero recuerdo dos. El violín, yo estudiaba violín en ese momento y el papá de la mujer de Pablo era violinista o algo así. Y la cocina. Era bella, común pero hogareña. Comimos en una mesa redonda. Yo estaba de frente a una ventana, era de noche y no se veía nada hacia afuera, pregunté y me dijeron que había un jardín. Ya había desarrollado mi instinto paranoico de autoprotección. Este recuerdo, el de la ventana, me viene muy seguido. Hoy, muchas noches que ceno solo en casa miro por la ventana de mi cocina, es igual y se lo que hay detrás, pero siempre me remite a ese momento. Estamos a unas treinta cuadras, calculo.

Patrocolo estudiaba arquitectura. Después de los secuestros lo fui a visitar varias veces, igual que a los padres de José en el negocio de Pasteur y Corrientes. Ya no tenía sentido pero iba igual, y no estaba bien hacerlo, pero iba igual. Leo me dijo que los seguían, que vio los autos desde el espejo retrovisor de su auto, que el taxi (Pablo era taxista), no apareció y que él quería diseñar barcos.

Nunca más supe nada de ellos hasta que vi estas fotos de Basterra.


Josefina Villaflor, secuestrada 3 de agosto de 1979. Desaparecida.

Llegó en un Citroën, creo que era rojo. Pasó a saludar, era así, hasta esos gestos tenía, se llevaba bien con mi mamá, con quien era difícil llevarse bien.

Lo recuerdo sentado dentro del auto estacionado que estaba cargado de prendas. No se cuando fue eso, no tengo ni idea pero ya estaba la dictadura. El auto estaba con prendas textiles, me dijo que trabajaba con su papá y que vivía en Wilde, que tenía una hija que se llamaba Celeste, creo. En el asiento del acompañante estaba una mujer, su esposa. Así me la presentó. Supongo que la saludé y que la miré, pero se que no la vi, no miré su rostro. En esa época no mirábamos a la gente, (Se que por eso trabajé con estas fotos. Ellos nos miran. No, miran a la cámara. Miran al represor que obtura la cámara. Ellos dos en estas fotos mirando se preguntan, lo sé, lo veo en sus miradas. Parecen que no entienden por que les sacan fotos. Que la luz los ciega, Necesito saber que se preguntan en ese momento). Le pregunté a José como estaba y me dijo que bien… No le creí.

Tengo muchos recuerdo de él. Cortando achiras en un cantero en la quinta de El Cazador de los Torres. Ese lugar era mágico para mi. Entre mis amigos de infancia, la libertad del campo, siempre en el asado o la cena cuando se juntaban mayores y menores yo escuchaba hablar a personas increíbles. Siempre las cosas que decían me hacían pensar, y yo los escuchaba. Hablaban de historia, de filosofía, de fútbol, de política, de la revolución. Jorge, el dueño de casa contaba historias de los fotógrafos del diario Noticias, del cierre del diario, etc.  (Jorge era el Jefe de Taller de Noticias). A veces pienso que parte de mi decisión de ser reportero gráfico viene de esas noches, de esas historias maravillosas. José era un pendejo en ese ambiente, de gente culta, educada, experimentada en la acción política, pero a él, lo escuchaban.

Era común que yo jugara solo. Mucho en la terraza de mi casa con la pelota. La Pulpo del momento, caía siempre a la calle, una vez, me asomé por que escuche un grito.

– ahí va!

No lo podía creer, la tiró desde la calle y cayo en medio de la terraza, dos pisos!!! Realmente me impresionaba mucho José, siempre hasta en esas pavadas. Trabajaba de repartidor de bebidas en ese entonces, no recuerdo si había terminado el secundario o estaba en una nocturna, no lo se con claridad. No entendía como un pibe de una familia judía tradicional, acomodada, típica de clase media del barrio de Once. Él, del  Colegio Nacional de Buenos Aires, hiciera ese trabajo. Muy poco tiempo después lo entendí. Cuando el tiempo pasa uno entiende mejor las cosas o directamente las entiende.

            José era hincha de Boca, le gustaba el fútbol. Un día me llevó a pasear. Estaba en casa, era un sábado por la tarde y de repente de la nada dijo.

¿Vamos al Ital Park?

El sabía que me encantaba, tomamos el colectivo y nos fuimos. Fue un paseo hermoso.

            A Josefina la recuerdo más de mentas que de conocerla personalmente. Por comentarios que escuchaba. La mujer de José,  es de los “Villaflor”, decían, son gráficos, yo no entendía nada. Ser gráfico era importante, era un gremio combativo, Ongaro, la CGT de los Argentinos, etc. Siempre fue un oficio especial, de gente especial. De José supe que visitó también a la familia estando secuestrado, que había un custodia en el living durante la visita. No se de donde sale el recuerdo. Visité a sus padres y hablé con su hermano un par de veces en el local de la calle Pasteur. Todavía escucho las palabras de su papá, con un acento raro, diciéndome que no entendía por que se la habían llevado, por que no decían donde lo tenían. Me suenan, me suenan y me suenan.

Siempre pienso que me gustaría decirle a la hija de José que ellos cuando yo tenía diez u once años eran mis referentes. Que yo quería ser como ellos.